Los lineamientos, o “desliniamientos”? de la política exterior argentina.

por Daniela Martinez Tapia

La historia argentina de los últimos 100 años muestra una tendencia a los cambios de rumbo en materia de política exterior según los intereses del […]

La historia argentina de los últimos 100 años muestra una tendencia a los cambios de rumbo en materia de política exterior según los intereses del gobierno de turno, pero es difícil encontrar antecedentes de tantas contradicciones en un mismo período gubernamental.  Desde la asunción del Presidente Alberto Fernandez al gobierno nacional, los lineamientos de la política exterior argentina han estado marcados por una clara imprecisión.

Un diagnóstico del mundo donde tocará comandar una nación, es imprescindible para cualquier líder político a la hora de evaluar las oportunidades y las contrariedades a las que se enfrentará durante su mandato. Aparentemente el oficialismo ha preferido improvisar sobre este punto o simplemente ir sorteando las circunstancias según se vayan desarrollando, lamentablemente es algo que también podemos ver en materia de política doméstica aunque no es un tema que nos concierna en esta nota.

La inserción internacional es una herramienta fundamental para reforzar aquellos vínculos que permiten a los distintos actores internacionales mantener un flujo continuo de comercio e inversión, lo que conlleva a una relación directa entre dicha inserción y la dinámica económica y social de los protagonistas. Por lo tanto, los lineamientos en materia de política exterior representan las bases fundamentales para el desarrollo o no de las naciones, en especial para aquellas consideradas no tan poderosas en materia geopolítica.

Resulta preciso tener presente que la actividad o la falta de ella dentro de las relaciones internacionales siempre trae aparejadas consecuencias, a corto y largo plazo. En un mundo interconectado no hay lugar alguno para la diplomacia apolítica, cada pequeño movimiento marca una tendencia en política exterior.

La formulación de la política exterior entendida de forma clásica, donde el Estado es el centro y objeto de la toma de decisiones, puede ser válida al momento de tratar temas como la seguridad internacional, sin embargo, no podemos olvidar que en el siglo XXI la promoción económica, la cultural, comercial, turística, y en especial en un contexto de pandemia, la ayuda humanitaria deben ser partes fundamentales de los lineamientos de la política exterior.

Detengámonos un momento en contextualizar el tema que nos concierne puesto que el escenario internacional actual esta caracterizado por algunas tendencias muy marcadas a las que debemos prestar atención para entender el movimiento de las piezas en el tablero mundial.

Desde una mirada global, por un lado se presenta una crisis de la globalización, donde los estados, cada vez más, aplican medidas proteccionistas a causa de la crisis sanitaria generada por el Covid -19; pero a su vez, se han reactivado los lazos cooperativos para recibir toda la asistencia necesaria en materia de sanidad, puesto que es un reto que sólo puede abordarse de manera globalizada.

En segundo lugar, la confrontación entre los Estados Unidos y China continúa acrecentándose, transformando al escenario internacional en algo incierto y turbulento. La competencia geopolítica preexistente entre potencias ha tomado una fuerza sin precedentes.

A todo lo ya mencionado, debemos sumarle la crisis humanitaria generada por la pandemia, los efectos globales de pobreza, dificultades para el asistencialismo sanitario, cierre de fronteras que traen complicaciones logísticas para el traslado de bienes, servicios y personas, entre tantas otras cosas.  

Y desde una perspectiva regional, en América Latina, los gobiernos populistas cada vez más rígidos y autoritarios, se cierran al mundo con mayor fuerza provocando una división ya casi irreparable con el resto de los actores internacionales, profundizando así las consecuencias negativas del mundo en el que vivimos.  

Conociendo entonces algunos de los datos del mundo en que nos toca tomar decisiones, podemos estimar que los encargados de llevar a cabo una política exterior lo más exitosa posible en Argentina, no han sabido considerar el contexto a la hora de marcar los ya mencionados lineamientos políticos.

Las evidentes medidas contradictorias, incluso para el ojo no entrenado, han afectado el equilibrio y la consistencia del posicionamiento nacional en el mundo. La estrategia no ha sido clara justo en un contexto donde más necesitamos la ayuda de los principales actores internacionales para sortear la crisis económica y humanitaria, generada por las malas políticas internas y, agravada por el mal manejo de la crisis sanitaria.

Podemos comenzar mencionando el más claro ejemplo de la posición argentina frente al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, donde por un lado el gobierno nacional marca una clara tendencia de apoyo ideológico, incluso actuando de manera efectiva al respecto cuando decidió retirarse del Grupo de Lima creado para presionar por una transición democrática en ese país caribeño. Pero, por otro lado, esta postura resulta altamente contradictoria con el histórico discurso de defensa de los derechos humanos, discurso del que el kirchnerismo ha hecho bandera política incansablemente.

No nos olvidemos del caso de Nicaragua, donde el gobierno nacional no tardó en brindar su total apoyo al abstenerse ante la OEA, lo que mostró una vez más la inexistencia de cualquier equilibrio en materia de política internacional, posicionando a nuestro país una vez más en la vereda opuesta de las potencias occidentales.

Esta postura ante los casos de Venezuela y Nicaragua podría complicar el apoyo necesario de Estados Unidos para resolver la deuda con el FMI, impidiendo así resolver uno de los principales retos de este gobierno.

Salgamos del plano regional por un momento, y recordemos esa primera visita oficial a Israel del presidente de la nación. No es casual que se haya elegido como primer destino internacional, marcando una clara posición de acercamiento para estrechar las relaciones bilaterales y de amistad entre ambas naciones. Pero, siguiendo su marcada inestabilidad política, cuando se desencadenaron las agresiones en la Franja de Gaza en abril del 2021, el primer mandatario argentinco no dudó en dejar en claro su apoyo  a uno de los grupos terroristas más peligrosos del medio oriente al manifestar su preocupación por la respuesta de Israel ante los ataques del grupo Hamás.

Incertidumbre, es la palabra que encontramos para definir los lineamientos políticos en materia internacional de un gobierno que no logra ponerse de acuerdo puertas adentro, provocando un sentimiento de vulnerabilidad e insensatez, y que además no consigue ocultar las tensiones internas.

Hoy somos todos mucho más conscientes de la necesidad de llevar a cabo políticas de estado claras y mecanismos firmes, que nos posicionen de manera precisa en un tablero mundial en constante movimiento, donde la contundencia con la que se pueden imponer algunos cambios inesperados (como una pandemia sanitaria sin precedentes recientes) nos encuentre por lo menos, con las herramientas básicas para hacer frente a las constantes crisis que enfrentamos.  

Así podemos concluir que, el debilitamiento del gobierno, tanto de cara a la sociedad cómo en el ámbito internacional, deja al descubierto una política exterior con un mensaje confuso hacia el mundo. Es por esto que instamos a trabajar en profundizar la tan necesaria inserción argentina en el mundo, puesto que resulta imprescindible diversificar y mejorar la “calidad” de las estrategias de integración, atendiendo a las diferentes realidades de nuestro país y no sólo a los intereses de los gobiernos de turno y sus “afinidades” políticas e ideológicas.