Albert Einstein tenía razón y un hallazgo científico actual lo volvió a probar

Einstein postulaba que las órbitas unidas de un objeto alrededor de otro no estaban cerradas, como sugería la teoría de la gravitación de Isaac Newton, sino que avanzaban hacia adelante en el plano de movimiento.

El físico alemán había anticipado, con asombrosa precisión, cómo se mueven las estrellas alrededor de los agujeros negros.

Los supertelescopios modernos volvieron a mostrar que Albert Einstein tenía razón. Si hace menos de un año los astrónomos comprobaron que el físico alemán había anticipado la manera en que se mueven las estrellas alrededor de los agujeros negros, ahora ratificaron que lo hizo con asombrosa precisión.

En julio de 2019, las observaciones realizadas con el Very Large Telescope del European Southern Observatory (ESO), que agrupa a astrónomos de 16 países en el desierto chileno de Atacama, revelaron por primera vez que una estrella que orbita un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea se movía tal como lo predecía la Teoría General de la Relatividad.

Einstein postulaba que las órbitas unidas de un objeto alrededor de otro no estaban cerradas, como sugería la teoría de la gravitación de Isaac Newton, sino que avanzaban hacia adelante en el plano de movimiento.

Este efecto, que había sido advertido ya en la órbita del planeta Mercurio alrededor del sol, fue otra vez constatado en la danza de la estrella S2 alrededor del agujero negro supermasivo Sagitario A.

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El físico alemán anticipó con asombrosa precisión cómo se mueven las estrellas alrededor de los agujeros negros.

De esta manera, la ubicación del punto más cercano de la estrella respecto al agujero negro cambia con cada giro y la siguiente órbita se rota con respecto a la anterior, lo que hace que su aspecto no sea el de una elipse sino el de una roseta, similar al de los pétalos dispuestos de manera radial en una flor.

El efecto, conocido como la “precesión de Schwarzschild”, en honor a los trabajos de otro brillante físico germano, nunca había podido ser medido hasta ahora en una estrella alrededor de un agujero negro supermasivo.

A 26.000 años luz del sol, el largo estudio sobre S2 que demandó ya más de 330 mediciones continúa dando sus frutos. “Seguimos a la estrella en su órbita durante más de dos décadas y media”, explicó el científico Stefan Gillessen, quien dirigió el análisis de las mediciones para el Max Planck Institute for Extraterrestrial Physics (MPE).

Los datos obtenidos ayudarán también a los especialistas a aprender más sobre los agujeros negros supermasivos en el centro de nuestra galaxia, descubrir otros más pequeños y establecer la cantidad de material invisible existente.

Fuente: ámbito