UNION COMERCIAL E INDUSTRIAL DE MENDOZA

por Redacción

¿Un país bimonetario? La importancia de estimular el Comercio Exterior

El bimonetarismo significa que hay dos monedas participando activamente en una economía. En nuestro caso, los argentinos lo tenemos clarísimo, porque utilizamos al peso para las operaciones de la vida cotidiana, pero si queremos ahorrar o pensar una inversión, el dólar es nuestro resguardo de valor. Es decir, Argentina es una economía bimonetaria, donde conviven a diario su moneda oficial, el peso argentino, pero también está el dólar, que resulta ser la reserva de valor. Esta dinámica genera conflictos recurrentes en la economía y resulta ser el mayor problema estructural económico con el que convive nuestro país.

Parece que cuando el dólar está planchado en Argentina se respira un clima de tensa calma. La estabilidad cambiaria da ese respiro que necesita el argentino para luego volver a enfrentar una nueva crisis autogenerada.
 
Por otro lado, el concepto que cada peso emitido representa una porción de la producción del país, producción que debería respaldar su existencia, pero, en un contexto de años de depresión, emisión creciente para financiar el déficit del tesoro (cuya alternativa de financiamiento es la deuda interna o externa, esta última, vedada desde hace tiempo y con riesgo constante de default). En este simplificado panorama, el sentido común indica que cada peso circulante sin respaldo explica en un gran porcentaje la inflación, cuyo componente de expectativa a futuro es determinante.
 
El gobierno de turno entiende, como todo el mundo, que emitir genera inflación y que el dólar es el principal ordenador de precios en la economía doméstica. Por ende, viendo que la inflación se aceleró en el último semestre y entendiendo que mayor inflación genera menos chances electorales, ha decidido una medida drástica, pero con final cantado de crisis: planchar el dólar para generar esa sensación de mayor poder adquisitivo en los próximos meses y por ende, aspirar a tener una buena elección de medio término.
 
“El dólar oficial está atrasado en un 20%”, dijo el especialista Gustavo Reyes en el foro de presidentes de UCIM, realizado recientemente. “Luego de las elecciones, para fin de año el Banco Central va a usar los dólares que acumuló para evitar saltos bruscos. La brecha va a seguir. El dólar sube por espasmos, pero va a seguir creciendo”, concluye el especialista.
 
La realidad hoy, es que el cepo cambiario es una variable que potencia la crisis en Argentina.
 
La Argentina está en una acuciante situación donde no cuenta con dólares físicos disponibles para hacer frente a la demanda proveniente de distintos sectores: aquellos que lo utilizan como reserva de valor (recursos que salen del circuito productivo y terminan en la especulación financiera) o de aquellos que necesitan del dólar para producir.

Por un lado, la gente sigue comprando dólares. Prueba de eso es que las
ventas a los ahorristas están volviendo a aumentar incluso, dentro del cepo cambiario, tanto por cantidad de billetes demandados como por personas intentando cubrir sus pequeños ahorros, alcanzando los 125 millones de dólares, un 65% más que en junio, cuando se habían ubicado en los 76 millones. Esto se desprende del Informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario que el Banco Central difundió.
 
Por otro lado, la falta de divisa afecta a los productores dado que, en varias actividades, gran parte de los insumos que se requieren para el normal desenvolvimiento de sus actividades, principalmente industriales, son de origen importado. Las restricciones impuestas al normal flujo de importaciones de estos rubros estratégicos, ponen trabas a la actividad económica que viene muy golpeada por la pandemia por COVID 19, lo que está ralentizando el despegue de la producción. La llegada de dólares genuinos proviene principalmente de las exportaciones, que permiten colocar producción local en mercados externos a cambio de la tan anhelada divisa. En definitiva, la carencia de dólares está íntimamente relacionada con el sector externo. ¿Por qué no exportamos más?
 
Al margen de la falta de competitividad de la producción argentina al momento de ofrecer sus productos al exterior, que reviste una complejidad que amerita un extenso análisis, hay una cuestión cíclica de la cual el país no puede salir. Todos los especialistas coinciden en que es uno de los problemas más grandes que tiene la economía argentina y explica por qué, en los últimos cien años, la segunda economía de Sudamérica ha entrado en crisis de forma casi cíclica, más allá de quién gobierne.
 
Se trata de la “restricción externa”, un término económico que significa escasez de divisas. “Para que se entienda: ‘No hay dólares para todos, en todo momento y en la cantidad que se quiera'”, resumió recientemente en el diario Página 12 el periodista económico Alfredo Zaiat. Básicamente, Argentina no produce los suficientes dólares como para sostener su economía.
 
Los gobiernos han solucionado esto de dos formas: endeudándose o con
control de capitales (o ambas cosas, como ocurre hoy). De las 16 últimas
recesiones económicas que padeció Argentina desde finales de la Segunda Guerra Mundial, 15 surgieron “porque el país se quedó sin dólares”, según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).
 
El ciclo parece funcionar así: un alza económica aumenta la producción
industrial; eso sube las importaciones, porque la industria argentina depende de insumos importados (el sector automotriz, uno de los más grandes, importa el 70% de sus partes, por ejemplo). Esto hace que haya más importaciones que exportaciones —o en términos económicos, que la balanza comercial entre en déficit— y que escaseen los dólares. A su vez, ese déficit deriva en un salto del tipo de cambio (o una devaluación), lo que automáticamente se traslada a precios (es decir, genera inflación) e, indirectamente, golpea la economía (llevando a una recesión). Ese freno económico hace que se reduzcan las importaciones y por ende, que se reduzca el déficit. La contracara es que la devaluación torna más competitivas las exportaciones y por eso tienden a aumentar, haciendo que el país vuelva a tener un superávit comercial y eventualmente vuelva a crecer. Con el alza económica, el ciclo se renueva.
 
Uno de los grandes problemas estructurales de la Argentina es su sector
externo, cuya dimensión es ínfima en relación al resto del mundo. De acuerdo a datos del Banco Mundial, las exportaciones del país representan el 16,6% del PBI para el año 2020, con tendencia a la contracción. Si consideramos países vecinos, por Ej. Chile en ese año, sus exportaciones representaron el 31,5% de su PBI y en crecimiento con una inflación anual de un dígito.
 
Evidentemente como se advirtió, necesitamos más dólares que den a las
autoridades de aplicación margen como para hacer política monetaria y
cambiaria que sea consistente con el necesario crecimiento del PBI, garantía del despegue de la Argentina, que en este momento cuenta con diez tipos de cambio distintos, lo que habla a las claras que se está administrando la escasez de divisas.

Podríamos decir que se están implementando medidas opuestas a lo que
necesitamos: más dólares para pagar deuda y para importar. Las autoridades económicas sostienen un ecosistema que contiene y fuerza una situación que suponen, podrá mantenerse hasta las elecciones de noviembre.

El tema fundamental es que todas la variables contenidas, seguramente, se descomprimirán luego de los comicios y la economía argentina ya
complicadísima se va a complicar aún más. Ya se vivió en anteriores procesos eleccionarios, el ajuste es inminente, la magnitud y gradualidad del mismo es una pregunta que los actores del mercado se hacen diariamente y generan una situación de incertidumbre difícil de contener.
 
La pandemia parece estar controlada, aunque aún faltan muchas personas por vacunar en primera y segunda dosis. La realidad ha sido sumamente complicada desde que apareció esta enfermedad, pero también es cierto que no vino más que a profundizar una crisis que lleva décadas en nuestro país y que parece no encontrar un camino.
 
Nuestros vecinos de la región han demostrado que, con una conducción
correcta, es posible crecer y ser serios. Desde UCIM entendemos que el apoyo al Comercio Exterior y medidas pro exportaciones (cepo a la exportación de carne es una de las tantas que retraen el comercio exterior, por nombrar solo alguna) son el puntapié inicial para esta crisis de escasez de dólares en la que se encuentra estructuralmente inmersa la economía del país, las cuales deben estar acompañadas de otras medidas estructurales de disciplina fiscal.