El nuevo ministro de Educación dijo que su obsesión es retomar la presencialidad plena y buscar a los chicos que dejaron la escuela

por redaccion

Jaime Perczyk también afirmó que “recuperar lo que se perdió en la pandemia va a llevar no menos de 3 años” Perczyk reemplazó a Nicolás Trotta al frente […]

Jaime Perczyk también afirmó que “recuperar lo que se perdió en la pandemia va a llevar no menos de 3 años”

Perczyk reemplazó a Nicolás Trotta al frente de una cartera que se volvió especialmente sensible durante la pandemia, pero conoce bien sus pasillos: fue viceministro de Alberto Sileoni durante el gobierno de Cristina Kirchner y hasta hace unos días se desempeñaba como secretario de Políticas Universitarias. En la entrevista con Infobae deja en claro el nuevo mensaje educativo que quiere bajar el Gobierno tras la derrota electoral: “Mi obsesión es garantizar la presencialidad plena. Me encomendaron esa tarea”.

En línea con el cambio de nombres en el gabinete, el nuevo ministro de Educación también renovó todo el gabinete de su cartera. La pedagoga Silvina Gvirtz, de extensa trayectoria académica y de gestión pública, asumió como secretaria de Educación, que en los hechos es una suerte de “vice”. Oscar Alpa, rector de la Universidad Nacional de La Pampa, tomó el lugar de Perczyk como secretario de Políticas Universitarias y la ex diputada Andrea García hizo lo propio en Cooperación y Acciones prioritarias.

-¿Qué análisis hace de la gestión educativa durante la pandemia?

-No se puede escindir la gestión educativa de la gestión en general ni escindir del contexto mundial. Hay una situación de excepcionalidad absoluta. La pandemia llevó a una crisis económica y a dificultades de todo tipo. Ahora estamos en un momento en que la curva baja en contagios, fallecidos e internados y aumenta enormemente la vacunación. Eso abre la posibilidad de un retorno pleno a la escuela, lo que implica también una posibilidad de normalizar la vida social.

-¿No piensa que hubo un cierre demasiado extenso de las escuelas? Sobre todo teniendo en cuenta que los chicos no son una población especialmente vulnerable al virus y que los colegios demostraron no ser focos primarios de contagios.

-En principio, mi obsesión, lo que me encomendaron y para lo que me llamaron, es volver a la presencialidad plena, buscar a los chicos que se fueron y recuperar los contenidos, que eso nos va a llevar mucho tiempo. El balance de la pandemia lo haremos cuando salgamos de la pandemia. Lo que estoy viendo es un horizonte con posibilidad de mejora en la pospandemia, tanto económica como educativa, pero también efectos que nos van a acompañar muchos años.

-¿Cree que el cierre de escuelas incidió en la derrota electoral?

-Todo es consecuencia del resultado electoral. Hay un malestar del pueblo argentino. Nosotros respetamos al soberano y el soberano habló claramente. Eso implica para un gobierno acciones de reparación de daños, de normalidad en la vida social y escolar. La Nación tiene que ser la jurisdicción número 25. Todo lo que pasa en educación obligatoria está dentro de nuestra órbita, siempre en articulación con las provincias.

Mencionó la necesidad de recuperar a los alumnos que abandonaron la escuela. ¿Ya se sabe cuántos son?

-La cifra no es clara porque cuando hablo de los que se fueron tomo los que efectivamente abandonaron y los que tienen una vinculación intermitente. Toda la sociedad argentina debería ver que no podemos tener a los chicos fuera de las escuelas. Es la política pública más importante que tiene el país desde hace muchos años para los niños. La recuperación de la normalidad escolar es también la recuperación de la normalidad social para un pueblo que ha sufrido tanto.

-¿Cómo se los trae de vuelta? Se anunció un fondo de 5 mil millones de pesos. ¿Para qué se va a utilizar?

-Para tutorías, para golpearles la puerta, para clases de apoyo, clases los sábados, escuelas de verano. Hay chicos que se van a poder ir de vacaciones y otros que no van a poder. Lo mejor para ellos es que estén en la escuela.

-Para eso primero hay que identificar quiénes son y creo que ahí está la principal dificultad…

-No tanto. Muchos maestros y directores ya lo hicieron. La escuela tiene un listado que dice quién se anotó y no fue. Quién se anotó y se conectó poco. El tema es cómo lo convertís en una política federal en un país que es el octavo del mundo en superficie. El trabajo va a ser con municipios, con clubes, con ministerios provinciales, con las propias escuelas, con universidades.

-Mencionó también un impacto a mediano y largo plazo en los aprendizajes. ¿Cuánto tiempo va a llevar recuperar esos contenidos si es que es posible recuperarlos?

-Tenemos que construir una respuesta más sofisticada en la pospandemia. Una respuesta que indique qué va a pasar el primer año, cómo revinculamos a los chicos con la rutina escolar, con los temas y contenidos, con el juego, con el placer por la lectura, con la rigurosidad del pensamiento lógico matemática. Ese trabajo va a llevar no menos de 3 años.

-¿3 años para poner a tiro de vuelta a los chicos con los saberes? Porque al mismo tiempo hay que dar los nuevos contenidos…

-Al mismo tiempo. Tenemos la obligación de ir construyendo el barco mientras navegamos. Es una figura usada pero atinada para este momento. El impacto ha sido en todo el mundo. Y cuando digo el mundo no quiero relativizar lo que pasó en Argentina. Nosotros tenemos responsabilidad sobre lo nuestro.

-Y acá 6 de cada 10 chicos son pobres, lo que es un desafío extra.

-Sí, pero cuando yo lo pongo en contexto internacional es para que veamos lo que pasó. No para relativizar. Lo único que tenemos, y lo digo claro y en mayúsculas, es responsabilidades. La desigualdad se ha agrandado. Vamos a tener chicos con impacto menor y ellos con más rapidez podrán estar a tiro. Y otros que nos va a llevar más tiempo.

-¿Cuán efectiva cree que fue la respuesta del sistema educativo ante el cierre? Es decir, ¿cuánto se pudo aprender a distancia de lo que habitualmente se aprende en la escuela?

-Bueno, eso lo vamos a ver a fin de año en las pruebas Aprender. Vamos a saber qué es lo que aprendieron los chicos, qué hemos enseñado y también la efectividad de la política pública. La evaluación tiene muchos datos y entre ellos está conocer el resultado de una política púbica.

-¿En 2022 se puede pensar en una normalidad escolar, como lo era antes de la pandemia?

-Sí, nosotros vamos a hacia un año con presencialidad plena en todo el sistema, desde las universidades hasta el nivel inicial. Como yo no manejo el bicho, si no hay rebrotes, si la campaña de vacunación se sostiene con éxito, es decir, sacando las variables sanitarias… hablando solo en términos educativos, el año que viene es de presencialidad plena. De expansión del sistema, de inversión y de mejoras para ser más justos y de más calidad.

-¿En qué aspectos diría que hoy es urgente mejorar?

-En nivel inicial hay un objetivo clarísimo, que diría que es el más importante en términos de justicia social: la universalización de la sala de 3.

-¿Eso implica que se vuelva obligatoria la asistencia o considera que no hace falta?

-Lo que tiene ser obligatorio es la oferta. Tiene que haber establecimientos para que todos los chicos puedan ir a sala de 3.

-En teoría, es lo que hace años debería pasar.

-Por eso. Falta que pase en la práctica. Hay que construir jardines, construir salas, formar maestras y generar conciencia de que la escuela empieza a los 3. En primaria venimos de hace años en un camino de mejora en repitencia, en sobreedad. A partir de la pandemia, habrá que discutir si no es necesario armar un bloque pedagógico en todo el primer ciclo (primer, segundo y tercer grado). También tiene que haber una lengua extranjera cada día en las escuelas.

¿La pandemia se soluciona sumando tiempo de clase?

-La idea es más días y más horas de clases.

-Extender el calendario escolar…

-Con más horas y más días, y una propuesta enriquecida. Con las propuestas que tengamos porque acá entra el federalismo. No me quiero ir por las ramas, pero aprender es un trabajo que uno hace sobre uno mismo. No hay otra manera. Los maestros son los que ayudan a que ese trabajo sea más fácil. Sin dudas que se necesita tiempo para aprender. Está demostrado.

-¿Los gremios docentes acompañarían esa decisión de sumar días de clase?

-Estoy convencido de que sí. Eso parte de un reconocimiento simbólico y otro salarial. Los maestros y las maestras son los principales defensores de la escuela en la Argentina. Los que han puesto el pecho en condiciones muy difíciles.

-A partir de las aperturas que anunció el Gobierno, volvió a estar en agenda el tema universidades. ¿Hubo una demora en el regreso a la presencialidad?

-No. Las universidades tienen clases presenciales.

-Pero solo para materias prácticas, con asistencia muy limitada.

-Te doy números: la UBA tiene 80 mil estudiantes con clases presenciales. Van a hacer lo que no tienen manera de hacer a distancia. Lo voy a explicar al revés: los chicos se anotaron en julio a un cuatrimestre con una propuesta de clases virtuales. Entonces un pibe que vive acá, otro que vive en Longchamps y otro que vive en Pergamino se anotó a una materia de la UBA asumiendo que iba a cursar a distancia. Ahora, a mitad de camino, no le podés cambiar las reglas de juego. ¿Estamos dispuestos a que un montón de chicos que no viven en capital dejen las materias o las carreras? Yo creo que no.

-¿No faltaron trayectos presenciales al menos optativos?

-De eso hay un montón. Hay muchas materias que se cursan en forma híbrida en distintas universidades.

-¿Aumentó la cantidad de ingresantes que abandonó la universidad por no haber tenido presencialidad estos dos años?

-Los números demuestran que aumentó la cantidad de ingresantes, que aumentaron los estudiantes que se volvieron a inscribir, pero también que hemos perdido estudiantes. Lo primero y lo segundo hay que capitalizarlo. Sobre lo tercero, hay que ir a buscarlos.

-En cuanto a la calidad, ¿se desvalorizó el título en estos dos años? Teniendo en cuenta que las universidades en 2020 estaban preparadas solo para dar clases presenciales y tuvieron que hacer una migración forzosa.

-No, no perdió calidad porque la exigencia de los profesores, las cursadas, los exámenes se garantizaron. Acá no hubo aprobación masiva. Se sostuvo la exigencia.

-Sí se perdió una parte de la vida universitaria que creo que también hace a la calidad.

-Hay una parte de la vida universitaria que la perdimos, sí. El debate, la vida social, la extensión, el encuentro, la militancia. Eso se perdió y hay que recuperarlo. Por eso somos tan “empujadores” de garantizar la presencialidad.

Por fuera de la pandemia

Al margen de la coyuntura pandémica, Perczyk se refirió al salario docente, dio su mirada sobre la evaluación tanto a alumnos como a maestros y dijo que los educadores se deben “autolimitar” cuando se discuten temas políticos en el aula. Además, opinó sobre la brecha entre las carreras que eligen los jóvenes argentinos y las profesiones que en realidad necesita el país para desarrollarse.

-Más allá de las singularidades de cada provincia, haciendo un promedio a nivel federal, ¿se le paga poco a los maestros?

-Yo creo que sí. Los docentes tienen que tener un mejor sueldo en la Argentina. El salario docente es un problema estratégico para el país.

-¿Qué quiere decir eso?

-Porque define quién elige la profesión, define las condiciones de trabajo, define el futuro de la Argentina. El salario docente es una de las variables estratégicas para la construcción de una Argentina mejor.

-¿Cuál va a ser la política de evaluación?

-En diciembre vamos a tomar las pruebas Aprender y vamos a sostener a capa y espada el plan de evaluación.

-¿Y qué piensa respecto a la evaluación a los docentes? Suele ser un tema espinoso.

-Los docentes no somos independientes del desempeño de los pibes. Por eso Aprender también sirve para conocer el trabajo de los docentes. Hoy no está en agenda una evaluación específica para los maestros. La retroalimentación que reciben de los directivos es un mecanismo institucional efectivo.

Hace poco se reflotó el tema del adoctrinamiento en las aulas por el video de la docente de Ciudad Evita. ¿Considera que son solo casos aislados?

-No estoy de acuerdo con ningún adoctrinamiento. Creo en el pensamiento libre, en el pensamiento crítico. Creo que está muy bien hablar de política con los chicos, sobre todo con los más grandes, pero asumiendo que tenemos una relación asimétrica con los chicos. No somos pares.

-¿Qué postura debería asumir el docente en esas discusiones?

-Fomentar el debate, responder preguntas, historizar las discusiones. Pero sobre todo relativizar la palabra propia porque la palabra propia de nosotros, los docentes, ya está construida y tenemos que aportar a que los pibes construyan su propia mirada. Los profesores nos tenemos que autolimitar porque ocupamos un rol asimétrico respecto a los alumnos. Pero no por eso dejar de estimular la discusión. Los movimientos que reclaman, los que exigen, los que se rebelan y demandan son producto de la escuela pública y de la escuela argentina en general.

-Dentro de esos movimientos, ¿incluye a los padres que se organizaron para pedir por la vuelta de las clases presenciales? Porque algunos dirigentes les bajan el precio.

-Por supuesto. Tenían un reclamo y se organizaron para demandar. Todo aquel que le dedica tiempo de su vida privada a la vida social merece un reconocimiento. La discusión es cómo hacemos para transformar a la educación en una demanda masiva y permanente.

-Desde hace unos años se habla del desfase entre las carreras que eligen los jóvenes y lo que necesita el país para desarrollarse. ¿Se mantuvo o se acortó esa brecha?

-Sigue habiendo. En el mundo hay una dificultad por acercar a los jóvenes a las carreras científico tecnológicas. Duran más tiempo, son más difíciles, más exigentes y en algunos casos no hay suficientes incentivos para seguirlas. También hay cuestiones sociales: el 85% de los jóvenes que siguen informática son varones. Tenemos que sumar más incentivos simbólicos y materiales para que, primero, más jóvenes sigan estas carreras y, segundo, para que muchas más chicas las elijan. Va a haber más becas.

-Hay una idea de generar un fondo de becas con aportes que harían graduados de universidades públicas de altos ingresos. ¿En qué estado está?

-Es una discusión muy grande que no está saldada, ni siquiera iniciada. Muchos proponen un proyecto similar al de Uruguay, cuyos graduados aportan una pequeña cifra para infraestructura y para becas. Tiene que ver con un debate que hay en la universidad pública, de devolverle algo de lo que nos dio en medio de una situación tan compleja.

Fuente: Infobae