River le dio un baño de realidad a Boca en el superclásico

por Denis Guillermo Rosales

No necesitó atacar con solvencia como es habitual. No fue imperioso que el volumen de juego sea tan grande ni que a nivel colectivo fuera […]

No necesitó atacar con solvencia como es habitual. No fue imperioso que el volumen de juego sea tan grande ni que a nivel colectivo fuera trascendental. A River le bastó tener cierta regularidad y tener en un nivel superlativo a Julián Álvarez para, prácticamente, llevarse por delante a Boca. Para ser muy superior y no darle oportunidad en el partido. Para quedarse con un superclásico que, más allá de que el Xeneize se quedara tan temprano con uno menos, merecía con creces. Fue una fiesta, para quedar como puntero momentáneo ante su público.

Está claro que en el análisis es imposible no mencionar la expulsión de Marcos Rojo a los 15 del primer tiempo (con una primera amarilla discutible, pero con irresponsabilidad gigante al hacer dos faltas en un minuto). Pero más allá de que a Sebastián Battaglia se le cayeron demasiado temprano los planes, tampoco hubo señales de reacción, de sobreponerse al obstáculo. Y en parte fue porque enfrente estaba Marcelo Gallardo con su plantel. Que puede no tener una tarde súper brillante, pero que le basta con entregar un porcentaje de su fórmula para vencer al clásico de toda la vida sin problemas.

Es cierto que hay complicidad de Agustín Rossi, pero el primer gol es mérito de Julián Álvarez. Literalmente fue un golazo de un futbolista que no sólo atraviesa el mejor momento de su carrera, sino que marca mucho la diferencia en el fútbol argentino. No hubo reacción de Boca para buscar el empate: más bien tuvo que dedicarse a evitar que el mal fuera mayor. Pavón tuvo que olvidarse del ataque, Orsini fue totalmente intrascendente y de ahí para atrás, irregularidad total.

El gol de Álvarez a los 43 fue el golpe definitivo y casi que definió el encuentro. Boca tenía algunas opciones en el banco, pero revertir un 0-2 en el Monumental no era tarea difícil. Y Battaglia pareció entender que primero había que arreglar problemas de base en lugar de sumar gente en ataque, por eso intentó (en forma fallida, claro está) componer el mediocampo con los cambios. El Millonario siguió dominando a su antojo y si no encontró el tercero es pura y exclusivamente por no haber estado fino de tres cuartos de cancha en adelante.

El descuento sobre la hora de Zambrano no dice absolutamente nada. Boca jamás estuvo cerca de descontar. Y hasta terminó encontrando un premio demasiado grande con el gol, que ni siquiera infló la red. Floja actuación de la visita, sólida y regular tarea del local. Sin brillar quizá como en otros encuentros, le bastó para pasar por arriba al rival de todos los tiempos. Y, saliendo del análisis exhaustivo de juego, tarde soñada por tratarse justamente de un superclásico.