El mundo en el que vivimos…

por Opinión

Cómo está organizado el  mundo en la segunda década del Siglo XXI? ¿Cómo se formó este orden geopolítico? ¿En qué puede devenir esta nueva estructura […]

Cómo está organizado el  mundo en la segunda década del Siglo XXI? ¿Cómo se formó este orden geopolítico? ¿En qué puede devenir esta nueva estructura internacional? Todas estas preguntas han estado en el centro de la temática de las relaciones internacionales en vistas del esquema mundial actual. No se intentará dar respuestas definitivas a estas interrogantes, pero si orientar al lector para comprender el mundo en el que nos toca vivir.

Resulta pertinente pensar en la noción de “orden mundial” a la que generalmente se asocia con las ideas de sistema mundial, orden jurídico internacional, sistema financiero mundial, por nombrar sólo algunas, resultando así que dicho término pareciera carecer de un sentido y un contendido específicos al que hoy le daremos una atención analítica más generalizada.

Partiendo del significado que adquiere al referirse principalmente a la existencia de un sistema durante un período histórico, la noción de orden mundial asociada al ciclo de Posguerra Fría incluiría temas de agenda internacional tales como la variable ambiental, la emergencia de organizaciones no gubernamentales con enfoques globales, actores no estatales con influencia internacional, potencias en ascenso entre tantas otras variables unidas todas bajo la idea de una gobernanza global que implique un sistema de reglas no formales y formales respetadas o no por todos los actores.

Este orden mundial que trataremos de analizar se encuentra basado en el Derecho formado por reglas e instituciones como la Organización de Naciones Unidas, que operan como una especie de contención y protección de la comunidad internacional puesto que ellas protegen los principios básicos de coexistencia tales como los de no agresión, la prohibición del uso de la fuerza, el derecho humanitario, etc. Por lo tanto debería ser una prioridad la preservación de estas reglas e instituciones para la comunidad internacional en el sistema de orden mundial.

Habiendo enmarcado de manera más teórica el concepto, procuraremos enumerar las principales características vigentes del mismo puesto que el conocimiento supone encontrar el sentido de los acontecimientos. Para comenzar es necesario mencionar algunas tendencias que parecen estar configurando el mundo actual.

En primera instancia diremos que la revolución tecnológica, en el sentido de lo que el poder de las personas logre al hacer uso de esas tecnologías, marca una clara tendencia. También debemos mencionar las exigencias globales emergentes en materia ambiental, sanitaria o de seguridad, necesarias para una convivencia más pacífica. La reconfiguración política en la que el Estado-Nación ha dejado de ser el centro en la toma de las decisiones y las fuerzas supranacionales e infranacionales se fortalecen. Por último, el nuevo paradigma de los sistemas económicos que dejan de regirse por las normas convencionales (como las apuestas e inversiones en monedas virtuales).

Podríamos entonces afirmar que el mundo hoy se encuentra regido por un sistema complejo interconectado en el que coexisten diferentes órdenes regionales y actores no estatales, pero donde aun el rol de las potencias hegemónicas resulta decisivo aunque no exclusivo.  

Un claro ejemplo de esto es la relación existente entre los dos actores estatales más poderosos de nuestra era, los Estados Unidos y la República de China, los cuales experimentan un vínculo donde su propio desarrollo depende de su rival al encontrarse interconectados financiera y productivamente; ese lazo define la relación por encima de sus diferencias. Al mismo tiempo, estos dos gigantes avanzan en un espiral de confrontaciones comerciales, tecnológicas, armamentistas e incluso de espionaje, y su lucha por ganar influencia en distintas regiones provoca una pulseada con final incierto.

Europa por su parte intenta encontrar el equilibrio en el encuentro entre estas dos potencias, tomando distancia del confrontamiento por dos razones fundamentales, la complementariedad económica con el país asiático y el alineamiento político con el país occidental. De esta manera mantiene su divergencia sistémica con China en materia de seguridad, democracia y derechos humanos, pero al mismo tiempo avala la cooperación comercial con la misma para abordar los desafíos globales como el cambio climático y la salud.

Por otro lado, la crisis financiera de 2008 permitió la convergencia de los intereses de los estados emergentes de regiones dispares, tales como India o Brasil, los cuales iniciaron un proceso de coordinación para discutir y plantear propuestas conjuntas en los espacios institucionales de poder internacional, tomando así un fuerte protagonismo en el sistema mundial.

Este nuevo orden mundial ha permitido que otros actores internacionales fuera del marco tradicional exclusivo a los estados, políticos y diplomáticos u organismos internacionales, puedan también ejercer influencia dentro de los intereses y necesidades en la comunidad internacional.

Podemos mencionar las organizaciones no gubernamentales compuestas por grupos de activistas que promueven y velan por distintas causas, como Greenpeace o Amnistía Internacional. Las empresas transnacionales en busca de maximizar sus beneficios y proteger sus intereses puesto que operan en distintos países o regiones y cuentan con un mando unificado a nivel mundial. Las organizaciones consideradas “terroristas”  que ejercen una influencia significativa en materia de seguridad internacional ya que pueden operar en varios territorios y siempre al margen del Derecho.  Y por último pero no menos importantes, aquellas personalidades con la capacidad de comunicarse de forma significativa influyendo en cada uno de nosotros, como es el caso de la joven pakistaní Malala Yousafzai o la joven sueca Greta Thumberg, cuyas voces se alzan con la misma fuerza que cualquiera de los actores antes mencionados.  

Podemos concluir que en este mundo la medida del poder es la capacidad de hacer conexiones, y el poder se entiende como la capacidad de lograr los resultados, por lo tanto no podemos ofrecer certezas del mundo venidero pero si podemos anticipar que vivimos en un sistema en constante cambio y que el futuro será bastante distinto al presente que conocemos. No poner en peligro la legitimidad del espacio de diálogo entre actores que no necesariamente compartan las mismas ideologías resulta así indispensable para alcanzar los objetivos globales.

Opinión – Por DANIELA MARTÍNEZ TAPIA