Francisco Moreno, del primer cuatriciclo a los 5 años en Tupungato a subcampeón del Dakar

por Redacciones

Todo comenzó cuando un pariente le regaló un tractor de juguete y Francisco Moreno, siendo apenas un niño, se puso al volante y salió a recorrer […]

Todo comenzó cuando un pariente le regaló un tractor de juguete y Francisco Moreno, siendo apenas un niño, se puso al volante y salió a recorrer la casa, el patio y la finca familiar, allá en Tupungato. El momento bisagra sucedió a los 5 años, cuando el padre le compró el primer cuatriciclo, un Suzuki 80, traído desde Tierra del Fuego. Ahí, el chico sintió que había encontrado su lugar en el mundo.

Carreras, pruebas y entrenamientos posteriores le dieron la razón: Francisco nunca más se bajó de los cuatriciclos, excepto para festejar, como esta semana, con la familia y con el pueblo, que logró el segundo puesto en el rally Dakar, allá en Arabia Saudita.

“Su ilusión siempre fue correr un Dakar”, cuenta José Miguel, el padre, a poco del regreso con gloria a casa. “La experiencia fue inolvidable. Si alguien nos decía que íbamos a lograr todo esto yo hubiera dicho que era mentira. Es un sueño todavía”, sigue. “Le paso el celular de mi hijo”, cierra.

Francisco Moreno fue recibido en El Plumerillo.

Francisco Moreno fue recibido en El Plumerillo.

Y Francisco, que ahora tiene 25 años y acaba de consagrarse subcampeón del Dakar 2022 en cuatriciclos, atiende la llamada de Diario UNO.

Ya está de vuelta en la finca, trabajando. Se lo escucha feliz. Y agradecido de la recepción en Tupungato. Sabe que ya entró en la historia. Es el primer tupungatino en correr el Dakar, objetivo que tuvo entre ceja y ceja desde siempre pero que se afirmó en su interior cuando el rally pasó por Tupungato hace algunos años. Y él sintió que una parte suya se iba con esa caravana de hombres y máquinas.

Es hijo único del productor frutihortícola José Miguel y la contadora Mari Flores. Disfruta de este momento tan dulce pero no se queda ahí. Va por más. Ahora, la brújula apunta a una competencia sudamericana, que comenzará en las próximas semanas. Serán 9 días a puro esfuerzo.

– ¿Qué tiene el cuatri que no tengan los autos, motos o camiones?

– Para mí, el cuatri es un estilo de vida; siempre fue mi hobby. Con los años aprendí a conocerlo y a conocer el paño: corrí en Estados Unidos, también en competencias nacionales y sudamericanas pero nunca se me había dado la posibilidad de correr el Dakar. Manejar el cuatri me provoca muchas sensaciones; hasta he llegado a llorar mientras manejo, como ahora, de vuelta de cada etapa, por ejemplo.

El tupungatino en acción en pleno Dakar.

El tupungatino en acción en pleno Dakar.

– Y tu primera vez en esa especie de NBA de la categoría fue espectacular…

– La verdad, sí. En la primera etapa pude haber ganado porque venía bien con los primeros corredores, pero tuve un problema con el circuito de navegación y me retardé un poco. Después nos perdimos todos pero fue una linda etapa. Siempre corrí tratando de ser prolijo, siendo consciente de lo que iba haciendo y calculando que aun faltaba mucha carrera.

– ¿Conocías a los rivales?

– A algunos sí, y había corrido contra ellos. Todos son muy experimentados, con más años y más carreras encima. Fui el mejor principiante este año, y eso es muy valioso y es un honor.

– El Dakar es un objetivo difícil, ¿verdad?

– En verdad, fuimos con el objetivo de terminar la carrera y traerme esa medalla por participar. Pero con los días se fueron dando buenos resultados. Nunca buscamos el resultado, tampoco salir primero ni segundo, si se daba era bienvenido. Yo estaba feliz con terminar la carrera lo mejor posible. Ya al final se vieron muy bien las cosas: yo, el cuatri y el equipo estábamos muy bien y todo se fue dando.

“El martes, cuando llegué al aeropuerto, me encontré con mucha gente festejando conmigo; en San José me recibieron con mi cuatri y una caravana de motos y cuatris. En la plaza también me aplaudieron: fue increible y dedico este logro a ellos. Me apoyaron siempre”

El piloto Francisco Moreno al llegar a su Tupungato natal.

El piloto Francisco Moreno al llegar a su Tupungato natal.

– Y ahora, en el regreso, ¿a qué se dedica un medallista del Dakar?

– Somos agricultores; en la finca producimos nueces y ajos. Ahora, ya dedicado a la finca y al trabajo diario.

El trofeo y la medalla de Moreno.

El trofeo y la medalla de Moreno.

– Pero vas a seguir corriendo…

– En un mes tenemos el Sudamerican Rally Race, una carrera que dura nueve días. Ya estamos trabajando para eso.

El paso clave

Al primer cuatriciclo de Francisco le siguieron otros, de mayor porte y potencia. Entonces, comenzó para él una diversión de los fines de semana. Yendo por el barrio, por las zonas aledañas. Siempre al mando del cuatri, incluso junto con otros pares, como sus primos, que adoptaron ese tipo de máquinas.

La evolución fue constante y las ganas de competir le fueron ganando espacio a la diversión. Así, a los 12 años, Francisco comenzó a medirse con otros. A ir por la gloria, acaso sin saber que la gloria ya lo esperaba.

En 2020 corrió un campeonato sudamericano. Atrás quedaron las playas de Villa Gesell, epicentro de los entrenamientos y la diversión para los amantes del cuatri.

El muchacho se declara “contentísimo” por haber sido parte de la mayor experiencia mundial en materia de destreza al volante. Haber estado en el mundillo de la competición, de los equipos oficiales y la infraestructura del Dakar. Los servicios y la asistencia a los pilotos, destaca el tupungatino. Como haber tocado el cielo con las manos o haber estado en liga mayor.

– Eso mismo -admite Moreno-. O como haber estado en el Mundial de Fútbol.

Los padres siempre lo apoyaron en lo que él define como “mis locuras”. Mari no fue al Dakar por razones personales, pero siempre estuvo. José Miguel es el complemento ideal y fue parte de la travesía.

Otro amor de Francisco también nombre de mujer: Julieta Manzano, la novia, que lo bancó “a muerte” con este desafío que implica distancias, peligros pero también crecimientos.